jueves, 22 de marzo de 2012

Cómo citar


Modos de citar la bibliografía


Las referencias bibliográficas seguirán el siguiente modelo:    
Citas de libros ordinarios y monografías:
   
-FERNÁNDEZ, A., Sacerdocio común y sacerdocio ministerial. Un problema teológico, Burgos: Aldecoa, 1979, 128 [o bien, 128-135, o bien 128ss].
   
- (si son varios volúmenes) NEWMAN, J.H., Parochial and Plain Sermons, VII, London: Rivingtons, 1887, 23.
   
- (si son varios volúmenes con título diferente)  SCHMAUS, M., Teología Dogmática, IV: La Iglesia, Madrid: Rialp, 1961, 112-118.
   
- (si se cita la 2ª edición u otra posterior) SCHEFFCZYK, L., Katholische Glaubenswelt, 2 ed. Aschaffenburg: Paltloch, 1978, 57-67.
   
- (si son dos autores) RODRÍGUEZ, P. y LANZETTI, R., El Catecismo Romano: fuentes e historia del texto y de la redacción,  Pamplona: Eunsa, 1982, 427.
   
- (si son tres o más)  RODRÍGUEZ, P. y SARANYANA, J.-I. y LANZETTI, R., ( o bien: RODRÍGUEZ, P. y otros,). Debe evitarse la expresión AA. VV., que dificulta la identificación del libro.
 
Cita de artículos en obras colectivas:
   
- RODRÍGUEZ, P., «La teología del Papado según Santa Catalina de Siena», en SARANYANA, J.-I. (dir.), De la Iglesia y de Navarra. Estudios en honor del Prof. Goñi Gaztambide, X, Pamplona: Eunsa, 1984, 225-232.
   
-ARANDA, G., «Canon bíblico y comprensión actual de la Teología », en J. Morales y otros (eds.), Cristo y el Dios de los cristianos. XVIII Simposio Internacional de Teología,  Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1998, 420.
-PELLITERO, R., «"Especialmente con los más necesitados": un signo eficaz del amor», en ID. (ed.), Vivir el amor. En torno a la encíclica Deus caritas est, Madrid: Rialp, 207, 109-117.
 
Cita de artículos en revistas (o periódicos):
   
-MERINO, M., «Teología y filosofía en San Gregorio el Taumaturgo», Scripta Theologica 17 (1985) 227-243.
   
-WEBER, W., «La realización de lo cristiano en una sociedad pluralista», Scripta Theologica 12 (1980) 93-118.
   
- Pueden usarse las abreviaturas de las revistas según el elenco del IATG2(SCHWERTNER, S.M., Internationales Abkürzungsverzeichnis für Theologie und Grenzgebiete, Berlin - New York: WdeG, 1994).
   
- Si la revista es poco conocida, puede agregarse entre paréntesis la ciudad. También si hay dos revistas con el mismo título, por ejemplo, Nova et Vetera, de Friburgo (Suiza) o Zamora (España).
 
Cita de voces en Diccionarios y enciclopedias:
   
-ILLANES, J.L., «Vocación», en Gran Enciclopedia Rialp 23 (1975) 659-662.
   
-CONGAR, Y., «Théologie» , en DTC 15 (1946) 341-502.

  Cita de Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos antiguos:    
 - El nombre del autor debe ser completo (GREGORIO MAGNO) evitando citar el nombre sólo (GREGORIO) o abreviado (Greg.).     - A continuación de la obra citada, seguida de dos puntos, se ha de incluir la referencia de la edición por la que se cita la obra: Por ejemplo:     GREGOGIO NACIANCENO, Oratio 41,9: SC 358, 334. (o bien: Sources Chrètiennes 358, 334).  
Otras observaciones:
   
- En las citas bibliográficas a pie de página, debe figurar el nombre y apellido del autor, aunque se mencione en el texto.
   
- Si se cita varias veces la misma obra, se pondrá la referencia completa la primera vez. Después, se puede abreviar así: FERNÁNDEZ, A., Sacerdocio común y sacerdocio ministerial, 25.
   
- Cuando no se trata de una cita textual, sino de una alusión, se puede anteponer cfr.
   
- La ciudad en la que se edita el libro debe ponerse en su idioma original (München, no Munich) y si la edición es latina, en genitivo locativo (Romae, no Roma).

miércoles, 14 de marzo de 2012

Lo natural y lo racional



Lo natural y lo racional
Robert Spaemann.
Ed. Rialp. Madrid, 1989.

Por: Alejandro Cid Marchant

El mismo título nos muestra en modo muy claro el concepto de R. Spaemann como un acuerdo entre la naturaleza humana y su dimensión racional, ya que en los cuatros ensayos nos encontramos con este acuerdo. El autor alemán quiere explicarnos estos dos conceptos en medio de una discusión con varios y varias corriente filosóficas contemporáneas. Por eso podemos en este libre encontrar el pensamiento de Kant, Heidegger, Rousseau en el primer ensayo Darwkins, Quine en el segundo ensayo, Horkheimer y adorno, Mayhofer; tercer ensayo, Espinoza, D bonart en el cuarto ensayo. 
Estas ricas referencias nos muestran evidentemente que el tema de la naturaleza humana y  la cuestión de la racionalidad, todavía están en el centro de la discusión sobre el hombre. En este libro encontramos varias discusiones sobre el hombre. Desde el pensamiento filosófico, surge una división entre metafísica y moral, también lo religiosos y lo biológicos se tratan desde el evolucionismo. Así es como el enigma del hombre puede ser explicado solamente con esta riqueza.
Por supuesto en este libro no podrían faltar los clásicos del pensamiento humano. Nos referimos a Aristóteles, Platón, y Santo Tomás de Aquino especialmente en el primer y cuarto ensayo. Aquí los clásicos discuten con la modernidad y con la influencia de Kant.
Estos cuatro ensayos, construyen una visión de lo humano como lo específico. El autor, desde  el principio hasta el fin defiende la originalidad del hombre. Desde los inicios del texto se plantea la originalidad de la naturaleza humana en términos generales y luego se eleva hasta definir lo específico de lo racional en el hombre.
Primer ensayo: Sobre el concepto de una naturaleza del hombre.
El primer ensayo Robert Spaemann empieza desde una pregunta muy fundamental, ¿Qué es el hombre?  El autor quiere analizar la influencia del kantismo al pensamiento moderno, la característica es que la época moderna introduce en el hombre algunas divisiones. No solamente gracias a Kant, sino también por las influencias de Descartes. La imposibilidad de la visión global del hombre influye después en la negación a la respuesta positiva de la pregunta ¿Qué es el hombre?.
Spaemann ve claramente esta impotencia de algunas corrientes contemporáneas, por ejemplo Sartre, o Darwkins y también las pruebas para vencerlas por la metafísica de Heidegger. Esto no parece suficiente, por eso necesitamos volver a los clásicos; al pensamiento sobre el hombre antes de la división y antes de la reducción  del hombre a uno o a otro aspecto. Spaemann descubre que el concepto de naturalidad de Aristóteles no es algo exterior para el hombre, y tampoco es parcial, entonces la naturaleza no es naturalista, ni es mecanicista, ni es pura abstracción. Para Aristóteles, la naturaleza es un principio, un comienzo que puede ser desarrollado en la vida humana. Después en la edad media, Tomás de Aquino llega más allá, describiendo la posibilidad de la auto trascendencia del hombre. En ambos casos, lo natural es intrínseco e integral en el hombre.
En el Segundo ensayo titulado ser y haber llegado a ser. ¿Qué explica la teoría de la evolución?
Spaemann pasa a discutir con el evolucionismo que muestra la pregunta en el sub titulo. Aquí el autor, nota la falta de verdadera discusión sobre los efectos de la ciencia moderna. A veces los filósofos modernos trivializan los datos científicos. Contra esta postura tenemos tres modos de reacción. Lo primero es la resistencia teórica como la escapada al sujeto pensante. La segunda es de hecho de resistencia de aceptar sólo la dimensión biológica y física del hombre. Otro tipo de reacción, es un intento de Kant de establecer el mundo en la subjetividad humana. Para Kant, lo científico es siempre condicionado por el sujeto. Pero sabemos bien que estos tres modos de respuestas no podrían en modo suficientemente dar solución al desarrollo del holismo científico. La única respuesta según Spaemann está en  el teleologismo antiguo, lo biológico puede determinar el principio de la vida del hombre pero el desarrollo de esta vida tiene su continuación en la libertad humana. Aquí podemos pasar al tercer ensayo, donde aparecen en modo directo el hombre como lo especifico en si dignidad.
Tercer ensayo: Sobre el concepto específico de dignidad humana.
Spaemann entra en este ensayo en discusión con el positivismo jurídico que está en tan estrecha relación con el concepto de dignidad de hoy. El discurso de la filosofía del derecho en algún sentido reduce el concepto de dignidad humana a las leyes escritas y en el mismo tiempo pierde el fundamento de dignidad humana.  Aquí se refleja la metafísica, con su frase agere sequitur ese, (obra significa ser). La dignidad ontológica está armonizada con la dignidad moral y ambas dimensiones no se pueden perder. Como en el segundo ensayo la respuesta está en los clásicos.
Cuarto ensayo: Lo natural y lo racional
Con el último ensayo llegamos al fin de las consideraciones, con un intento de construir la definición de la naturaleza humana.  El autor, quiere superar las antítesis ligadas a lo natural, otra vez volviendo al pensamiento clásico muestra que lo racional no se contrapone a lo natural.

Todo lo natural en el hombre es preparado para ser desarrollado por lo racional. De otro, todo lo artificial, es como el desarrollo de los principios naturales. Usando el verbo latino, toda la industria humana se refiere a lo racional y lo natural en el mismo tiempo.
Como nota Robert Speamann “el reconocimiento de un ser racional distinto sólo se puede realizar como reconocimiento de este ser en su naturalidad”. El final es muy optimista, en contradicción con las pesimistas filosofías contemporáneas. Entonces “Nos amamos por que nos importamos, nos gustamos, nos deseamos. El sujeto de esta apreciación de valor permanece ahí completamente oculto, mera naturaleza no desvelar. El hombre es valioso para el hombre, para sí mismo o para otros hombres”.
Entonces porque no replantear el imperativo de la razón pura práctica, en la siguiente afirmación “Obra de tal modo que no uses la naturaleza, ni en tu persona ni en la de los otros seres racionales nunca sólo como medio, sino siempre al mismo tiempo como fin” Así es como el hombre se manifiesta mucho más que como pura naturaleza.


jueves, 23 de febrero de 2012

La catequesis de Gaudí en la Sagrada Familia...

La lanza que penetra el cuerpo de Cristo, su Iglesia.

Tentados por el dinero...

Tentados por la violencia... 

La Sagrada Familia que huye a Egipto

La lampara del Espíritu Santo que guía  a la Iglesia

Las cadenas de la esclavitud...

La traición de Judas, la fidelidad del perro...


La entrega voluntaria de Cristo que abraza la columna

El gallo, las mujeres y Pedro. La traición de Pedro...

martes, 21 de febrero de 2012

Escribir para compartir lo que se piensa.


Por: Alejandro Cid Marchant
            
Con el frío que hace tengo la impresión de que no puedo pensar, que no puedo sacar nada fuera de mí que valga la pena para que pueda ser compartido. Además, las palabras que no son las más adecuadas con facilidad se confunden y son mal interpretadas. Pero, sin palabras sería imposible pensar. Tal vez, haya personas que no necesiten escribir para pensar, pero he comprendido que si de verdad tengo algo que decir, es mejor escribirlo. Así, el pensamiento va tomando forma. Evitar la confusión y la vaguedad en el orden de las ideas y por tanto en la comunicación será fundamental. Ya que si escribimos así como hablamos, la palabra  pierde forma; la palabra dicha tiene su contexto, sus expresiones, que facilitan la comunicación. Pero, en cambio, la palabra escrita para que otros la entiendan exige un mayor rigor. Quisiera que nos embarcáramos en la palabra escrita desde la perspectiva del compartir: compartir nuestras ideas, nuestras visiones del mundo, nuestros sueños y esperanzas; la idea es enriquecernos de las experiencias. Pero, para eso, es necesario poner por escrito nuestros diálogos internos y externos para que de verdad sean compartidos. Si las palabras son vehículo del lenguaje que nos permite comunicarnos; la comunicación es el vehículo para hacer posible el compartir. Entonces, las palabras son el vehículo del compartir. Si esto lo consideramos correcto debemos permitirnos darnos la posibilidad de pensar las palabras; y qué mejor para pensar las palabras que escribirlas. Ya que si no las escribo, las palabras se las lleva el viento, dice el dicho en mi tierra.
            
Intento comprender el valor de las palabras, de manera especial de la palabra escrita. Aflora en mi interior: “El verbo se hizo carne”…; tras un silencio, descubro que el pensamiento se hace realidad concretizándose, lo inmortal se hace mortal, lo infinito se hace finito, lo divino se hace humano. Así también, las ideas se concretizan en conceptos que nos permiten descubrir la inteligibilidad que se comparte y que se comunica por sí misma. ¡Qué misterio y qué belleza! Se escapa de toda racionalidad empírica ya que esta solo puede medir y tocar. Es la inteligibilidad de la palabra que se comunica, de la belleza que se expande, y del bien que se difunde. Yo también soy parte de este misterio, ya que en mí también el pensamiento se concretiza en cada palabra.
            
Quisiera que avancemos un peldaño más en la escalera de la sabiduría. Ahora la idea es tomar conciencia del paso de la palabra hablada a la palabra escrita. Tal vez, para un niño que está aprendiendo a escribir, este peldaño signifique un gran esfuerzo y dedicación; para otros, será tan mecánico como pensar en voz alta. Algunos que han logrado dar este paso, escriben sin pensar, o piensan pero no escriben o escriben para pensar. No hay una receta común o una técnica perfeccionada, sino que a falta de receta, todos escriben ya sea por obligación o por necesidad: una nota al profesor, una pregunta del examen, una tarjeta a un amigo, un menú para la comida, un correo a un compañero, un poema a la amada, en fin, así descubrimos los distintos niveles que posee la escritura. Lo que también nos ocurre generalmente es que sabemos cómo empezar, sabemos la idea que queremos transmitir pero no sabemos cómo vamos a terminar o qué va a salir de lo que hemos escrito.
            
Siguiendo con lo de la escalera de la sabiduría, llegamos a la tesis de pensar lo que escribimos, como los ensayos, que guardan contenido y reflexiones para compartir lo que pienso. Pensar y escribir, tiene una altura y profundidad que logra entender solamente el que ha experimentado poner por escrito lo pensado. Es la complejidad que se comparte con la sabiduría de la sencillez. Pareciera confuso, pero los grandes maestros, sabios y santos logran trasmitir una verdad con la belleza de la complejidad y con la bondad de la sencillez; así todos logran entender; y es más, logran cautivar. Ya nuestra escalera tiene forma y los peldaños nos permiten avanzar con la confianza del que está dando un paso bien dado, es decir, fijándose dónde va a pisar o qué va a escribir.
            
Llegamos al primer descanso de esta escalera cuyo fin algunos ya han alcanzado. Es hora de mirar lo avanzado, reconocer los esfuerzos y animarse a gozar por lo tejido. El repaso en la escritura nos sirve para reconocer que a veces escribimos pero no pensamos. Nosotros que queremos dedicarnos al taller de la filosofía queremos escribir y pensar, para compartir y enriquecernos en ese diálogo donde la palabra se hace carne para otros. Entonces, para un ensayo lo mejor será tener un párrafo para introducir, luego unos tres párrafos para ir subiendo en la escalera de la sabiduría; es como una idea que se teje con otra y con otra más; finalmente un descanso que nos permita resumir, y mirar lo avanzado. Escribir sin pensar, tal vez sea como amar el amor, pero no amar; pensar y escribir es querer compartir y sacar fuera algo porque amo el amor y el amor es compartir con el otro. Si el amor es difusivo es que es para otros; así me enriquezco dándome, gastándome, entregándome. Porque hay algunos que piensan para escribir, otros escriben porque han pensado (Unamuno), pero también se puede escribir para pensar (Julián Marías). Como sea, la fórmula a conjugar será: escribir para compartir lo que se piensa. 

jueves, 9 de febrero de 2012

El orden en el trabajo bien hecho.



Por: Alejandro Cid Marchant

Para algunos hablar del trabajo bien hecho tal vez esté de más. Son eficientes, responsables, comprometidos, creativos, tantas cualidades que en su conjunto trasforman su ambiente o lugar de trabajo en una excelencia. Quién hace excelente una empresa o un servicio determinado, sino el hombre que trabaja en ese lugar.

Para la idiosincrasia de un pequeño país, llamado Chile, el trabajo bien hecho es todo un desafío. Pareciera que el chileno acostumbra a dejar las cosas a medio terminar, siempre hay cosas que nunca se terminan, puede ser un poco del ingenio y del apego para no romper con el vínculo, así queda la posibilidad de volver y de terminar lo inconcluso. En relación al trabajo recuerdo que un ministro del área, recomendaba no salir a buscar trabajo, porque simplemente no lo encontraría. “Aquellos que no necesiten trabajar que mejor no salgan a buscar trabajo”.  Cómo si el trabajo fuera un lujo, o un complemento accidental a la vida de los hombres. En la vida intelectual, el revisar y corregir varias veces un texto, hace que este mejore sustancialmente. Pero, para eso es necesario darse el trabajo de volver sobre el texto una y otra vez. Son como los detalles de las terminaciones de una obra, hacen de la obra un lugar destacado si de verdad sus detalles están a la altura del conjunto.

Comparto esa idea de tener un espacio para cada necesidad. Aunque aún recuerdo la habitación americana, que más bien parecía un gran salón; había espacio para dormir, estudiar, comer, jugar, y para hacer ejercicio, incluso para rezar, pero en esa gran habitación todo tenía su lugar. Con razón, recordamos que el sabio es el que pone orden: “Tú cuida el orden y el orden te cuidará”. A los niños que les gusta el futbol, en tiempos del mundial, yo les recordaba que el lema de la selección brasileña dice orden y progreso. A ver si se animaban por el camino del orden y así progresaban.

Para poner orden, es necesario trabajar, saber poner las cosas en su lugar o algo tan simple como saber dónde están las cosas, nos ayuda a iniciar el trabajo y a trabajar sin trabas ni impedimentos. Anteriormente al ordenador, que guarda todo a no ser que le digas lo contrario, existía un mueble de escritorio llamado cardes, infaltable para quien desea mantener un mínimo de orden. Las famosas carpetas dentro del mueble, permiten guardar todo pero clasificadamente. Lo mejor es buscar algo y saber que tarde o temprano aparecerá: la carta, la foto, el documento que pensé que en algún momento podría servir, ahí está. Recuerdo que un buen profesor decía, lo importante no es sabérselo todo de memoría, sino saber dónde lo encontraras. Bueno de este famoso mueble al ordenador, no hay comparación, pero sin duda su esencia es guardar en carpetas lo que luego te puede servir. Hoy, la maravilla de internet es que lo tiene casi todo, los buscadores son imprescindibles, buscan lo que en algún momento ya está guardado y esperando que alguien lo necesite.

Así es el progreso de la tecnología, pero el ser humano es irremplazable, por eso él debe aprender a ordenar, es decir a clasificar, guardar y saber tener a mano lo que necesita. Pero a pesar de eso, a veces no sabemos siquiera dónde dejamos las llaves. A quién no le ha ocurrido, perder las llaves, el pendrive, la boina, en fin, hay pérdida del tiempo y por sobre todo el disgusto de no poder avanzar por que algo se quedó atrás.

El trabajo intelectual como todos los trabajos necesita de un orden. Solo una cabeza ordenada puede sacar sus propias conclusiones y no repetir por repetir. Si tienes una tesis, una propuesta, una idea, aférrate a ella y anda sacando y poniendo todo lo necesario para darle cuerpo a esa interrogante. Las preguntas, a mi parecer, ocupan un papel fundamental. Son ellas, las que rompen con la realidad universal para hacerse una individualización de un aspecto. Podría ser algo así, como la domesticación del Principito, eres la rosa de entre miles de rosas. Si no tuviéramos la posibilidad de jerarquizar, ordenar, clasificar; lejos está la propuesta de discriminar que dentro del orden sería excluir un grupo, sino que al incorporar la realidad es decir la totalidad, voy priorizando de acuerdo a mis necesidades y apetencias. Voy domesticando mi entorno y cómo no podemos estar en todas partes, tampoco podemos leer todo lo que quisiéramos, entonces por algo debo empezar primero.

Recuerdo una visita a la Ciudad Eterna, y como no podíamos ver todo en 5 días, clasificamos lo mejor y más destacado de la Roma antigua, de la Roma medieval, y de la Roma moderna. Algo así hizo un guía del museo del Prado al saber que contábamos con sólo 5 horas de visita. Diríamos en mi tierra: poco pero bueno. El trabajo de ordenar para comenzar y para terminar un trabajo, será entonces fundamental. Ya que el trabajo acabado y bien hecho es una concreción de nuestro ser, de lo que soy y de lo que tengo para compartir. En mi pueblo había algunos que ordenaban el patio, otros ni el patio ordenaban. Aunque todos fuésemos pobres, el puro orden hacía la diferencia. Es una concreción del amor, que te hace comprometerte no por el dinero o por el que qué dirán, sino porque en cada trabajo dejas algo de ti, y vas plasmando tu interior que se hace realidad en la obra realizada. Así pasaremos haciendo el bien, poniendo lo mejor de lo nuestro en el orden que necesita el trabajo bien hecho. ¿Por qué no, si ordenar y trabajar no cuesta nada?

viernes, 3 de febrero de 2012